martes, febrero 27, 2007

UNA TARDE TRISTE...

Era un Viernes, más o menos la una y media de la tarde. Toda la mañana me la pasé arreglando documentos y agilitando trámites porque a “ella” lo que más le importaba era graduarse lo antes posible... En cambio a mi… A mi ya no me importaba nada… Solamente quería terminar todo de una vez por todas…

- “Hola Diego… ¿Qué es lo que se te antoja?”

- “Un amigo, por favor… Aunque creo que aquí no los sirves por docena…”

Dos y media de la tarde. Ella buscándome afanosamente por toda la Facultad, y yo perdido en el oscuro rincón de uno de los tantos bares que rodean a la universidad. Después de muchos años de compartir junto a “mis amigos de la universidad”, debo confesar que solamente una botella y un vaso fueron mis únicos acompañantes durante ese par de horas…

Tres de la tarde y un poquito más. Al fin me encuentro de regreso en la Facultad, y con “ella” más enojada que cuando la vi antes de escaparme ese par de horas en que pude disfrutar del “olvido” de mis amigos… Todo había sido arreglado: en menos de una hora empezábamos la defensa de aquel último trabajo que hicimos juntos. Solo había un problema: a mi ya no me importaba… No me importaba defender la tesis; no me importaba entrar vestido con el jean gastado y la camisa arrugada que llevaba ese día; no me importaba saber si “mis amigos de la universidad” iban a estar ahí, o si los padres de ella y mis padres estarían presentes… No me importaba saber que, con excepción de mi familia, todos los demás asistirían por ella… Ya no me importaba sentirme herido y traicionado por “mi grupo de amigos” después de que ellos no hicieron nada por ayudarnos, y saber que ahora estarían pendientes de lo que pasaría entre “ella” y yo una vez que nos hallemos juntos, como en nuestros buenos tiempos, terminando algo que habíamos empezado a planearlo muchos años atrás… En definitiva, ya no me importaba nada…

Bueno, en realidad si había algo que me importaba, y mucho: saber que mis verdaderos amigos no iban a compartir conmigo ese momento tan especial… Ni el flaco, ni su hermana, ni mis primos, ni muchas de las personas que más quise ayer, hoy y siempre… Casi ninguno de aquellos que verdaderamente me apoyaron y me dieron una mano durante esos meses tan difíciles -mis “grandes amigos”- estaría conmigo cuando realmente necesitaba que estuviesen a mi lado, en aquella tarde en que me sentía tan solo… Estoy seguro que si alguno de ellos hubiese podido estar ahí, lo habría abrazado y me hubiese echado a llorar sin importar quien estuviera presente… En todo caso, al final del día al fin apareció una de esas personas…

Son casi las cinco, y al fin podemos comenzar la defensa de la tesis… Por primera vez desde hace meses ella me “pide” que la deje entrar primero… A mi me daba lo mismo. Durante un poco más de media hora me la paso sentado en las gradas, con la cabeza baja y la mirada perdida. Un par de años después solo una persona se atrevió a confesarme que esa tarde muchos pensaron que estaba concentrado, pero pocos -¡¿Pocos?!... ¡Qué hipócritas!- se dieron cuenta que yo estaba triste… La verdad es que estaba al borde de las lágrimas porque era la última vez que la vería como lo que siempre fue: mi verdadera y única mejor amiga…

Al fin sale del salón; todos se acercan a abrazarla y felicitarla, excepto yo. Es mi turno de entrar y olvidarme –al menos por un momento- de mis problemas, de mis dudas y mis errores. Media hora después salgo yo también y la primera en abrazarme (aunque con un poco de timidez por la gran cantidad de personas desconocidas) es mi chiquitina, mi sobrinita de apenas 2 años de edad... ¡Al fin un abrazo que sabe a verdadero cariño!... Luego, claro, toda mi familia se acerca a felicitarme… Antes de coger mis cosas y largarme de ahí sin siquiera importarme la decisión del jurado o dejarlos plantados a todos en el corredor, ¡Oh, sorpresa: “ella” se acerca a abrazarme también!…

Mientras recibo su abrazo me detengo a pensar un momento: “¿Qué carajos estaba pensando cuando decidí salir de aquel bar y volver a la Facultad?... Debí largarme en ese momento, ¡y que ella se arregle como mejor le convenga!… Además, ¿por qué tengo que largarme yo? ¿Acaso esa no es también mi tarde de graduación?”… Decido quedarme, aunque hasta hoy no comprendo muy bien la verdadera razón… Recién entonces empiezan a abrazarme y felicitarme todos “mis amigos”, su familia y hasta personas que nunca conocí… Nuevamente entramos al salón, y luego de la ceremonia de rigor ambos hemos obtenido lo que queríamos: ella su título profesional, y yo el placer de ver triunfar a la única persona por la que me quedé en esa universidad…

Ahora empiezan los brindis y las palabras de los graduados. Ella comienza primero. Sus agradecimientos van dirigidos a todos quienes fueron importantes para conseguir su título, pero yo no siento ni la más mínima dedicatoria en ese discurso… Ahora es mi turno… Todos están esperando que guarde las apariencias y no les diga mi verdad en la cara… ¡Se nota que temen haberme dado la oportunidad de descargar mi furia con todos ellos!... Tengo toda la intención de ironizar al máximo mis palabras, en especial aquellas que van dirigidas a “mis amigos de la universidad”, pero me contengo en el último momento… Respiro hondo, tomo aire y salgo del enredo con lo primero que se me viene a la mente… No es hora de culparlos ni de desquitarme de ellos; “su momento especial” habría quedado arruinado, y a pesar de todo me hubiese dolido mucho verla llorar… otra vez… Nuevamente, decido seguir el juego y “festejar”. Algunos se acercan a brindar conmigo, pero casi a todos les acepto la copa con displicencia… Solamente mi familia merece ser tratada con real aprecio en ese momento…

Debemos desocupar el salón, así que “ella” invita a todos a pasar a una de las tantas aulas vacías de la Facultad… Talvez por los pocos vasos de whisky que llevo encima yo también los invito a seguir con la reunión… Ya adentro mi familia me rodea, pero inesperadamente se acerca su padre y nos invita una copa a mi papá y a mí… Entonces recuerdo la discusión que tuve con él apenas unos días atrás. Sus palabras sonaban en mi mente, hasta ahora no puedo olvidarlas… Acepto su invitación, pero me encargo de que él no pase más allá de la simple copa… ¡Ahhhh… Si hubieran sido otras las condiciones! ¡Habría festejado con el verdadero cariño que llegué a tener por toda su familia!... Un par de minutos después “mis amigos” también me invitan otra copa, y al igual que con el padre de ella, me encargo de no quedar atrapado en su intención… ¡Si querían festejar, vayan e inviten a la otra graduada!

Llegan un par de chicos más, y aunque sabia que venían exclusivamente por ella, ahora soy yo quien los atrapa para evitar que otros quieran seguir “festejándome”. Deben haber pasado un par de horas, y con los vasos de whisky llegando a mis manos –y con toda la tristeza y la melancolía reprimida ayudando a recibirlos- no recuerdo en que momento perdí la noción de las cosas. Solamente recuerdo que una vez que terminé de bajar las gradas inesperadamente apareció una de aquellas personas que tuvo el privilegio de ser parte de “mis grandes amigos”:

- “Bueno, lo logramos… Aunque peleados, pero lo logramos…”

- “Si… Lo hicimos, chiquilla…”

Y nos abrazamos como los buenos amigos que siempre fuimos…

- “Gracias por haber sido la persona que más quise… Gracias por haber compartido conmigo todos estos años…”

Duró solo un momento, segundos quizá, pero fue un abrazo eterno… No sé ella, pero yo hice exactamente lo que con mis grandes amigos si otro hubiese llegado antes… Al final, lo último que recuerdo es su mirada antes de subir al auto… Estoy seguro que quería decirme algo, pero no pudo o no se atrevió a hacerlo… A veces –solo a veces- me gusta pensar que sus ojos me invitaban a perdonarnos al final de aquella triste tarde…

3 comentarios:

W dijo...

Mi queridísimo Diego :

Me transmitiste la angustia y soledad de esos momentos.

Los amigos..... esos, los verdaderos, se cuentan con los dedos de la mano. Hay que saber cuáles son los que valen, quedártelos y cuidarlos como oro molido..... los demás son simplemente "conocidos"....

Besos

mi despertar dijo...

Great writing....me gusta tu estilo

Juana Gallo dijo...

Es muy conmovedora la historia... espero que dé para muchas letras. Los amores inalcanzables o imposibles o no resueltos, dan mucha literatura.
Así que de entre los males, ya sabes: el menos peor.

Felicidades por el relato,
Saludos